El girasol no es una flor discreta. Cabeza grande, tallo grueso y mucho volumen: un arreglo de girasoles se ve desde el otro lado de la habitación. La contrapartida es el recipiente: pide base ancha, porque en un jarrón estrecho se inclina.
Y hay calibres distintos. El girasol no viene en un solo tamaño: los hay notablemente más grandes, y esa diferencia se nota en el porte del arreglo tanto como en el número de tallos.
El ramo, que también se llama bouquet, viene atado y en papel: luce mucho al abrirlo, pero exige jarrón y agua enseguida; la caja monta el girasol sobre espuma empapada, así que llega hidratado y se mantiene solo, sin que nadie tenga que hacer nada; el florero trae el vidrio puesto, que además resuelve el problema del peso del girasol.
Decide por el destino, no por la foto: donde no haya quien lo atienda, la caja o el florero; donde sí lo haya, el ramo da más volumen por el mismo presupuesto.
Antes de comparar precios conviene saber qué se compara. El número de tallos manda, pero no es lo único: el calibre del girasol cambia bastante el porte y el coste, mezclar con otras flores sube el total, y la presentación —caja o vidrio— es producto y no envoltorio. Y en las dos semanas del año en que el amarillo se agota, todo el mercado se encarece.
No se cuida como una rosa. Lo que decide es el agua: el tallo es grueso, absorbe muchísimo, y un jarrón que a otra flor le duraría tres días con el girasol se queda seco en uno.
Es la flor de las ocasiones alegres y sin doble sentido: cumpleaños, felicitaciones, un ascenso, una recuperación. Y para animar a alguien no hay nada que se le parezca, porque llena la habitación de golpe.
Y hay dos fechas en el año en que el amarillo se regala por sí mismo: el 21 de marzo y el 21 de septiembre. Están explicadas en flores amarillas.
Se entrega en toda Colombia con la flor hidratada para el trayecto. Si prefieres verlo por formato, tienes bouquets, cajas y floreros.